miércoles, 24 de junio de 2009

Y NO HABLARÈ MÀS

Y no hablarè màs / y serè silencio / un silencio que aturde / de voces encontradas / de làgrimas lloradas / de sueños sin futuro. / Y serè la tumba / de mis gritos sordos / y de aquello que es / y ya no se necesita / no por inservible / sino por ese querer ser / màs que otros sin los otros / y què sos entonces / porque sin otros / no hay abajo / ni hay arriba / sòlo el plano / un punto / Ni vèrtice ni àngulo / un punto que se borra / porque sin los otros / quièn existe.

Y no hablarè màs / porque mis palabras son / para los que oyen / Para què decir / si los oìdos del otro / estàn sellados con su pensamiento / y los prejuicios / y el no entender / que somos iguales / que no hay diferencia / que nadie es màs / ni nadie es menos / y que los ùltimos / seràn los primeros / y que el asalariado que trabajó / media jornada tan solo / recibirà la misma paga / del que trabajò desde el alba / porque el amor no se mide / es todo / o no es nada / los brazos abiertos / o cerrados en el pecho / y no hay privilegios / porque el amor es la regla / la ley / la norma / y en eso nos iguala / mi deber es tu derecho / mi derecho es tu deber / y no debo màs / que a lo que tengo derecho / y no tengo derecho / a lo que no es mi deber.

Y no hablarè màs / mientras las cuentas no sean las de siempre / porque hace mucho tiempo / que en este mundo enfermo / dos màs dos / ya no son cuatro / y que por ahì tres / o dos / o nada / porque el poder absoluto / no muriò en la monarquìa / sino que se escondiò / en las ciudades internas / de la gente demente / que cree que unos son / lo que son y lo merecen / y los demàs no son nada / y somos meros sirvientes.

Y no hablarè màs / y serè tu servidora / màs tu amiga / no tu sierva / y no porque yo no quiera / sino porque Tù no quieres / pero en mi silencio de penas / yo a Tì te clamo y reclamo / si fuera tu Voluntad / si Tù asì lo quisieras / quita de mì las cadenas / que me atan y me destrozan / haz que el mundo comprenda / que en tu Amor / somos hermanos / y entre buenos hermanos / no habrà ni jefes ni esclavos / todos mirando hacia el cielo / todos en el mismo suelo / empujando hacia delante / y agarrados de la mano.

domingo, 12 de abril de 2009

Jesucristo, Señor de la Vida, Señor de mi Vida. Hoy es Pascua nuevamente Y no nuevamente: hoy es Pascua siempre. Tù vives para siempre, en mì, en TÎ, en todos.En la Eucaristìa, ese pan tan preciado que nos alimenta y nos fortalece en el desierto de esta vida; en tu Palabra, que nos habla ya no desde la Montaña, sino desde el corazòn donde habitas, desde esa morada que me permite saber y sentir que estàs a mi lado caminando paso a paso, y aùn màs, dentro mìo, impulsando cada paso de amor que despliego en esta vida. En los demàs, en mì: otros Cristos: los sufrientes, los desamparados, aùn los equivocados, porque son celda de tu amor, hasta que permitan que tu amor los invada. Señor, hoy es Pascua. Y permìteme , Señor, porque en toda fiesta hay regalos, y hoy es fiesta, permìteme que elija el regalo que quiero que me des. Y sè que no deberìa atreverme, pero ¿puede el Amado negarse al deseo de su Amada? ¿No tiene derecho la Amada a pedir, solicitar, simplemente decir, lo que desea? Aunque despuès venga el silencio, aunque el deseo no se haga, aunque lo pedido no sea dado, basta que me permitas decir en palabras lo que deseo en mi corazòn. Como si este deseo se hiciera màs fuerte en palabras. Y aunque Tù lo sabes todo, y no necesitas que lo diga, permìteme, Señor, como regalo, decir lo que està adentro mìo. Y es insolencia, lo sè. Y ¿acaso dudo? Pero necesito decirlo con palabras: Señor, como un dìa Tù le preguntaste a Pedro:"¿Pedro, Tù me amas?", yo necesito preguntarte: Señor, ¿Tû me amas?. Y, nuevamente, perdona, mi descaro. Còmo no vas a amarme Tû, què màs amor que lo celebrado en Pascua: por mì has muerto, por mì, resucitaste. Pero, Señor, sòlo es que en este momento necesito preguntarte, no porque dude, porque no dudo; sino porque necesito tus palabras suaves y tus caricias, el sentirte cerca mìo, dentro mìo, que me inundes hoy especialmente con tu amor, hoy que me siento sola del amor humano y que no entiendo bien la causa de este Calvario. ¿Por què siendo siempre Pascua, los hombres hacen de la vida un eterno Calvario, una eterna Pasiòn, una Crucificciòn continua? ¿Por què no vivir resucitados? ¿Por què vivir muertos y dando muerte? Mis manos no tienen clavos ni mis pies; no hay llagas en mi costado ni espinas en mi cabeza; pero, Señor, siento mi corazòn sangrando y las làgrimas se vierten sin poder evitarlo. Señor, hoy es fiesta, y aunque siga el silencio, la Amada esperara las palabras del Amado. Y aunque no llegaran nunca, basta que me hayas permitido decirte lo que sentìa y basta que me permitas amarte y haberte conocido. Señor, hoy es Pascua: tambièn Tù mereces un regalo: recibe lo ùnico que tengo y puedo darte: mi corazòn, mi vida. Lo demàs no es mìo: son las cosas que me acompañan a lo largo del camino. Feliz Pascua, Amado mìo, te agradezco lo mucho que me amas, aùn cuando hoy necesito tus palabras.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Dejarè en la puerta del Santuario mi mochila, mi sed y mi cansancio. Dejarè en la puerta lo que pesa. Dejarè mi ira, mi rabia, mi enojo, todo aquello que siento y que explota dentro mìo. Dejarè la ira que siento ante el maltrato, la injusticia, el desdèn y el abandono. No que ya no me importe pero, si es a mì a quien va dirigido, ¿quièn es màs pobre e infeliz: el que sufre y sigue caminando o el que hace sufrir y se queda solo en el pàramo? No es con ira o con rabia que se impide la injusticia. Un dolor no acaba con otro sino que lo ahonda. Sòlo la justicia acaba la injusticia. Luchar contra lo injusto con corazòn sereno, alegre y generoso, no luchar con la espada del encono. Dejarè en la puerta del Santuario lo que està de màs y lo que resta.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Guàrdame el secreto

Entre Tù y yo, Señor guàrdame el secreto. Que esto quede entre Tù y yo aunque muchos lo sepan porque nadie sabrà màs que Tù lo verdaderamente cierto, lo que siento y no digo, lo que sufro y espero. Entre Tù y yo, Señor. ¿Por què serà màs fàcil en este andar peregrino de mi vida, de esta vida, el hablar contigo, el escucharte, el ser escuchada, ser amada y aceptada, el amarte y aceptarte, comprendida y comprenderte, contenida y contenerte, que encontrar y dar lo mismo a mis hermanos? Tù no juzgas, Señor. Todo juicio conlleva una sentencia, y en la sentencia, la condena, la pena y el castigo. Tù perdonas. Tù me abres tus brazos generosos y me das los abrazos que no tuve; Tù sostienes al caìdo y lo levantas, adornas al sufriente con perlas de tu mirada. No condenas. Comprendes, perdonas y callas. Entre Tù y yo, Señor, guàrdame el secreto, eso que Tù sabes, lo que yo deseo. Entre Tù y yo, Señor, Sangre de mi vida, Dulce Nèctar que endulzas mi vida, guàrdame el secreto, que si Tù lo sabes (y còmo no saberlo) aunque no llegara jamàs a lograrse, sè que el dìa èse en que pueda verte ya no a travès del blanco Misterio sino cara a cara, sin lugar ni tiempo, vendràs a mi encuentro a lograr mi sueño.

martes, 4 de noviembre de 2008

Cambios

Esta noche volvì llena de tristeza, Señor. Esta noche y sin razòn, o con ella, tal vez, la tristeza me està envolviendo. ¿Por que la gente siempre espera un cambio? ¿Què cambio? ¿Què es cambiar? A veces, me parece que lo que esperan que cambie es que nada cambie y todo sea como siempre, como lo fue antes. O sea, cambiar para volver atràs. Cambiar para no perder. El cambio de lo estàtico. Nos dijeron, Señor, que tenìamos que estar atentos a los signos de los tiempos. Pero para ello, Señor, creo que es necesario una gran disposiciòn de espìritu. Y hablo del propio espìritu y el ser dòcil al soplo del Espìritu. ¿Quièn soy yo para decir que este o aquel està equivocado? Ver los signos de los tiempos. ¿Es este tiempo igual al tiempo que vivimos hace 10 o 5 años? Es necesario el cambio. No todo debe ser siempre igual, pero no todo es desechable. Aceptar el cambio aunque no sea de mi agrado, aunque no comprenda la verdadera razòn, aunque mis apreciaciones disten mucho de las del que decide el cambio. Aceptar... y escuchar. Escuchar las razones, los objetivos, del que presenta el cambio. Escucharlo todo y discernir despuès. Escuchar ponièndonos en el lugar del otro: la valoraciòn de las situaciones es distinta en cada uno. Aceptar, escuchar y, finalmente, obedecer. Es algo que muchos se han olvidado. OB AUDIERE. No es someterse el obedecer sino aceptar lo que me indica aquèl que es mi superior en virtud del orden, y porque debo confiar en la buena fe y gran disposiciòn de aquel a quien le debo mi obediencia. Tampoco significa que no puedo expresar mi opiniòn e incluso mi desacuerdo con lo establecido. Pero comprender que todos somos iguales pero diferentes, todos ùnicos. Comprender que va a ser muy difìcil, si no imposble, coincidir en todo con lo que se me presente.
Mi tristeza està, Señor, en que siempre hay disconformes. Y a veces son demasiados. Pero yo tambièn tengo que ponerme en su lugar, ¿no es cierto, Señor? ¿Quièn sufre màs: el que fàcil se adapta a los cambios y pronto obedece, aunque nunca se haga nada como èl quiere, o el que muchas veces hizo a su antojo, y al negàrsele algo, algunas o varias veces, se siente que lo estàn violentando? Se me hace que èste ùltimo. Y el primero, amigo del silencio y la humildad, encuentra satisfacciòn y alegrìa en el deber cumplido, sin buscar màs premio que la conciencia tranquila al terminar su dìa. Y, de ùltima, Señor mìo, està el ejemplo tuyo y de tu madre. Tu Madre, que en silencio aceptò todo e hizo la voluntad de Dios. Y Tû, que con tu obediencia, todo lo diste, todo lo sacrificaste, para conseguir nuestra redenciòn. De ùltima, Señor, .. y de primera.

viernes, 31 de octubre de 2008

Mis manos

Què tengo en mis manos màs que el sudor del trabajo, màs que los dedos crispados del miedo y el cansancio, màs que la soledad que agobia, màs que el final del dìa y el comienzo de la noche y el recomenzar otro dìa aùn cuando no hay comienzo sino es continuaciòn. En mis manos tengo tan sòlo mis manos. Eso, tan poco, tan con gusto a vacìo, tan efìmero, tan nada. Y vos, Señor, que me pedìs mis manos, èsas, asì, como estàn, sin barniz de uñas porque el tiempo y el olvido acabo el frasco; êsas, las que estàn arrugadas de tanto lavar ropa a mano y sin protegerse; èsas, las que estàn àsperas del agua frìa en invierno y de las veces que el mate las usò de tobogàn en las mañanas con sueño; èsas, que se la pasan escribiendo, vaya a saber què, pero sabiendo a quièn, porque siempre es a Vos, como ahora lo estàn haciendo. Mis manos, Señor, vos las querès asì, con su cansancio, su aspereza y dureza, con las làgrimas que sostienen, con lo que son y que eran. Yo te las doy, Señor, porque mis manos, que ahora mìas, fueron tuyas, vos me las diste un dìa, para nacer y crecer, para hacer y saber, para ayudar y entregar, para ser libre y amar. Vos me las diste, Señor, yo no soy dueña de ellas, hacè con ellas tu antojo, llevalas por donde quieras, que sean ellas caricia, o puño que amase el pan; que sean las que acompañen a otros en su caminar; bastòn del que està muy dèbil, red que sostiene al que cae. Mis manos, con Vos se van para quedarse entre hermanos. Con ellas se va el cansancio, el agobio y desazòn. Porque al yo darte mis manos Vos me das Tu Corazòn.